De la poesía ahora y otras cosas de niños ahora

Si le hablo

entrecortado

está usted

frente a un

poema
Si le hablo

entrecortado

y le digo cosas como

que ojazos pispiretos OSRAM

y sonrisón de sandía me vine a encontrar

está usted

frente a un

terrible

poema de amor pegajoso

y estridente
si le hablo

entrecortado

de la maravilla que son los postes

gigantes

o veinteañeras que se escondieron de la pubertad

o cañones orbitales para zumbar aliens

puede usted no escucharme y no comprar mi libro

al cabo nimporta

ya está usted

poluto de poesía

puto
si le hablo

entrecortado

y tiene usted la tentación

de confundirme con mi prima leprosa

le diré que este poema es ahora

no ayer no sea inorante

a este poema le sobran huevos

pero también corazón

este poema es un cuchillo

y va a asaltar a mano armada

sus referentes

su alma

su corazoncito de pollo

por

ejemplo

cuantos años tiene?

sin preguntarse

¿acaso son los codos sagrados por eso no se pueden chupar?

¿por qué lo seguimos intentando generación tras generación?
¿por qué vas a llegar a tu casa y estirarte hasta lastimarte el brazo?

¿cuántos años tiene barriendo el mismo suelo

cuántas cucarachas habrán amado, fornicado y zapateado entre sus muebles?

¿a poco los postes tienen una razón de ser?

¿a poco los ricos también lloran?

¿cuántos bichos mata al día,
cuántas calorías tendrá un zapato de payaso,
qué sentirán los árbitros al ver un gol?

¿qué hay debajo de esos ojos
además de lo obvio?¿Miente si dice que quiere irse,
miente si dice que disfruta estar aquí?
(escribe el reseñista que estas preguntas critican la condición humana
además eso de chuparse el codo es un grandísimo cliché, TODOS los conocedores reconocen ahora
la SUPERIOR imposibilidad de chuparse la papada)

Si le hablo

entrecortado

es usted testigo

de algo para usted incomprensible

gusto del buen gusto

gusto de la élite inteletual que se revuelca en citas lodozas

gusto de los buenos hombres que no forman parte del gupo

denominado

“por eso estamos como estamos”

gusto de los mercenarios de foro y micrófono

gusto de culos ahogados que atienden a tertulias

gusto de la abulia que escupe pa bajo siempre pa bajo

(¡es un pleonasmo! grita la chaviza universitaria

ni modo se gargajee la jeta)

gusto de los poetas cuasivlogeros

presumiendo de buen gusto de buena garganta

de buen mástil hierro carne amor

donde ondean como banderas las ondeadas que arrastraron hasta sus caprichos

gusto de los carroñeros que creen que por usar cuchillo y tenedor

para arráncarle becas y viajes al cadáver de la patria están del otro lado

gusto de perros mafiosos que se relamen las frustraciones

gusto de oyentes que asienten como si los barriles de chapopote que recita el poeta dijeran algo

aclaro

mientras

habla

entrecortado
pero

acompañemé

en esta aventura 3D

por los parajes de la poesía

cosa mística

cosa reservada a los ángeles bonitos de títulos perfumados y maletín referencioso

cosa intervacía

cosa pechocha es la poesía

cosa

cosa

mercancía

cosa cosa

pasaporte

hay que envolverla a gusto de tanto crítico sentencioso

hay que peinarla a uso y modo de la tendencia editorial
¡hay un estado editor que nos vigila

sus hojas empastadas aniquilan!
te quieren hacer creer

en la institucionalización de lo ininstitucionalizable

que el verbo es de los que saben

de los que enuncian mas nunca ejercen

de los marchitos mohosos hervideros de polillas

de sus cosmopólitas y cultivadas cabezotas
han secuestrado la palabra

te reto

pon una letra sincera en una hoja

y bajarán las jaurías dotoradas en humillación a arrebatarte lo que es tuyo

esto no es poesía dirán

mucha pobreza composicional ¡dios mío!

dónde están todas las referencias clásicas para decir:
“te amo Juanita

la cagué pinchi madre

perdóname o mátame

pero mírame a los ojos”
(el profesor tira el poema al suelo/

los alumnos se desternillan de risa/

comodamente sentados en sus aulas inexpugnables

no han probado la sangre

no se han paseado bajo el sol)
claro

si le hablo

entrecortado

ya sabe que

está usted

frente a un

poema

baje la mirada

cuente las sílabas

cierre la boca

¿qué será de los dioses sin siervos?

bustos anónimos con el ceño fruncido

nombres de calles

bibliotecas vacías

consagraciones universtarias en antologías amarillas de desuso

publicaciones pal currículum que se desmoronan nomás salen del campus
la gente, por mientras

pasea otras palabras por su memoria

palabras que le sirven, que le gustan

que los llama que los toca y abraza y besa y recibe y cría

palabras tangibles

al alcance

coronas de espinas

cómo se oprime el pecho cuando uno cruza la puerta del templo

un santo deslavado de sudor y sol

la raza es poética escúchala hablar

se abisman en un cigarro así como tu bohemio favorito

se persignan con una cahuama a pecho

hechos trizas

bajo el sol

sin descanso

sin aire acondicionado sin domingos en cate sin esperanza sin amigos que hagan el paro sin buenos días ni buenas noches ¡sin fuego, sin maestría! a la interperie en el estado naturaleza uniformado engominado bien articulado en todo su derecho de partirte la madre en nombre de los progresos e inclusiones necesarias para que la rueda siga girando

sobre los huesos que crujen pero no se rompen

sobre los pueblos que se levantan desde su propia ruina

enunciando la vida con sus propias palabras que llegaron a ellos como el río

como el rumor de aves coloridas que se fueron para volver
y nosotros solos

escuchando los clamores por auxilio

manteniendo una distancia crítica propia de un profesional

solos en nuestras butacas

y cubículos

y secretarías de simulación de cultura

solos

leyéndonos entre sólo nosotros

guardando celosamente un acervo condenado

manchados por el pecado del miedo

¡ah! ¿qué sería de ti poesía?

si al escribir que caminamos camináramos junto a los que caminan

si al escribir el dolor nos dolieramos hasta el desquicio y llegara la rabia

si al escribir de nuestros héroes los cantos entonaran esos nombres

si al escribir de la derrota tapiaramos el miedo

si al escribir de la presencia estuvieramos presentes

si escribiéramos de otro lugar que no fuera bajo el ala

si escribiéramos amenazando el orden que nos escupe

si muriéramos escribiendo, por escribir

si la gente volviera a creer en lo escrito

si lo poesía se trepara en las mesas

si la poesía desescombrara los patios

si la poesía erigiera casas

si la poesía fuera bálsamo

si la poesía humanizara nuestra bestialidad

si la poesía hiciera carne de lo que fue polvo

si la poesía llorara junto a nosotros

y cantara junto a nosotros

y amara junto a nosotros

y diera rostro a una multitud que se olvida y abandona

en la espiral fulgurosa de los tiempos que no esperan a nadie

ni nada

ni siquiera

a que termine

esta prosa

entrecortada

que los weyes de ahora

osamos llamar

poesía

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Abrevadero no. 1

Cantúa/introducción/arenga

Nada sabiendo me sentaba en alguna butaca de alguna sala frente alguna mesa durante algún día de esos de soleadas horas. Nada sabiendo y medio emocionado porque me decían escritor por primera vez, con eso me conformaba, la verdad, rancherón el chamaco. Nada sabiendo y mal acomodado en el asiento pronunciaban al fondo del despiste unas palabras vibrantes sobre un hombre sentado frente a mis ojos. Era su semblanza. Hoy en mi memoria las palabras, ya, tan rápido, se enredan y por mi negación rotunda a reconstruir los hechos apenas me quedan algunas frases parafraseadas casi criminalmente, frases como ‘jugaba con su amigo a la guerra por ver quién era el mejor poeta del mundo’.

Nací en un páramo; mi relación con la poesía era a través de la intuición, el instinto. Tal vez solo una poesía así, una poesía ingenua, tenaz, hierbamalosa, podía darse en ese lugar. El caso es que poco o nada sabía, salvo lo que había aprendido rumiando en los foros de internet, en los libros azarosos que llegaban a mis manos. Entonces, al acallarse los aplausos, José Cantúa leyó uno de los que, a través del tamiz de la memoria, es uno de los poemas más bellos que he escuchado. No recuerdo el título o algún verso con exactitud, pero sí recuerdo que iba dirigido a un amigo que partió y recuerdo una sola imagen del principio, crías de escorpiones, cristalinas, amontonadas sobre su madre. Nunca he vuelto a escucharlo o leerlo desde entonces.

Después de algunos años entré a la licenciatura en Literaturas Hispánicas ahí en la Uni, pos dónde más, tal vez, en algún grado, empujado por ese poema junto a otras pequeñas coincidencias. Ahí en letras descubrí cómo la obra de Cantúa apenas ocupaba unos folletos, salvo la compilación de la Cicatriz del Silencio, era ancilar y marginada. Peor todavía, en ninguno de estas publicaciones estaba el poema tan buscado, tan repasado (la sensación, al menos). Ahí gritaba mentalmente yo, con mi primersimestridad, un flamígero CÓMO ¿cómo algo así iba a estar fuera de nuestro alcance? Para beneficio de mi historia, descartando tramposamente algunas posibilidades, atribuí el hecho de que ese poema estuviera perdido a una falta inmensa de labor crítica y editorial en Sonora. Claro que hay un importante trabajo académico y profesional, claro que hay un órgano editorial sustentado principalmente por el ISC y el concurso del libro sonorense, pero es necesario nuestra labor como lectores para reclamar este espacio, cultivar esta poesía y que así exista una comunidad literaria autónoma, por ende, sana. Hace falta leer(nos) y hablar de lo que se lee, morros y digo morros apropósito porque la virtualidad nos otorga herramientas, austeras, sí, ideales, nunca, pero suficientes para paliar esta carencia.

Frente a este abismo abismal, esta falta de poema y redención me dispuse a embestir la cosa vislumbrada como problema. Entre ellos está este concepto, el de Abrevadero, hoy en sus manos en la modalidad columna. Abrevadero es, al final, la fresca congregación de nuestro corpus. Un recorrido blando y errático, si se quiere, a través de lo que escribió, escribe y hasta escribirá en nuestro estado. Considero que está en nuestras manos contribuir al diálogo en torno a nuestra literatura. Darles extremaunción a los naufragios, recibir con brazos abiertos a los jóvenes, aunque las flores con todas las espinas como una vez me dijo un profesor. Punto de encuentro de las caravanas y animalitos. Abrevadero es a dónde vas necesitado, sediento.

Gota de lava en tu boca de pétalos¹

Gota de lava en tu boca de pétalos
cual breve sol que arde en mi sed nocturna,
gota de lava que germinó en la urna
donde tiembla una parvada de tántalos.

Mi labio de miel, mi labio de hiel: átalos
al sueño de mi lengua taciturna,
al eclipse de tu caricia diurna…
átalos ya, gota de lava, mátalos

allí donde los pájaros de piedra
desgarran la semilla de los vientos
(en la honda fuente de tu lengua medra),

abátelos gota de lava, a cientos,
a miles, raíz de tu desierto, hiedra
de mis labios para siempre sedientos.

—J. J. Cantúa

A manera de epílogo: He encontrado el poema. El mismo Cantúa me hizo el favor de pasarme el poemario incompleto ‘Sus ojos sus huracanes’ y ahí, envueltas en seda y magma, están las crías de alacrán, pedacería de joyas diminutas. Resulta que en mi memoria revolví dos poemas ‘Diamantes de la muerte’ y ‘Elegía por la muerte del poeta Alonso Vidal’. Resulta que el poema soñado era al final una quimera en toda la extensión de la palabra; un ente fantasioso compuesto de ensueño y de las preciosas imágenes propuestas por Cantúa. ¿Qué fue entonces el poema, lo que está escrito, lo que escuché secuestrado por la palabra, lo que recuerdo de esas sensaciones? Resulta que sigo sin saber nada, pero no me doy por vencido, voy siguiendo el rastro de un aroma familiar: el de la luminosa, fulgorosa, el de nuestra tórrida poesía.

¹ La cicatriz del silencio, Mora-Cantúa Editores, 2005